Todos la vemos al pasar junto a la rotonda, pero muchos lectores jamás la habrán visto abierta. Desde 1980 –hace ya 35 años- la antigua cárcel provincial de Murcia contempla, muda, el paso del tiempo. Inaugurada hacia 1929, el viejo edificio sirvió de institución penitenciaria durante 50 años. Por sus celdas pasaron presos comunes y políticos, muchos de ellos, víctimas de la convulsa historia política y social del siglo XX. En sus celdas y patio central se vivieron abusos, dramas, torturas y fusilamientos, que –nos guste o no- forman parte de nuestra historia reciente.
El edificio (obra del arquitecto Carlos Velasco) obedece a un estilo neomudéjar propio de principios del siglo XX, con planta de cruz griega. Presenta una fachada principal, a la Avenida Primo de Rivera, de estilo ecléctico. Se construyó en un paraje alejado de la ciudad, denominado “Torre de la Marquesa” y ocupa casi 8.000 metros cuadrados de superficie que, con los años, han quedado en pleno centro urbano.
Desde su clausura, en 1980, el edificio ha sido pasto de la desidia y el abandono. Periódicamente aparece alguna propuesta de reutilización, que sin embargo, nunca se lleva a cabo. En 2011 la propiedad del inmueble revertió en el Ayuntamiento y se generó un debate público sobre el mejor uso del edificio: mercado de abastos, centro cultural, museo o centro social, cada partido y colectivo formuló sus propuestas para recuperar un espacio que se encuentra en pleno centro de Murcia. Estos días, el Colegio de Arquitectos ha presentado un nuevo proyecto de transformación del inmueble.
Sin embargo, desde entonces, los meses y los años pasan inexorables y la emblemática “cárcel vieja” continúa su deterioro, como tantos otros edificios históricos de Murcia. Probablemente se nos irá el tiempo en discutir si son galgos o podencos y llegará el día en que el edificio termine de derrumbarse y los murcianos perdamos –una vez más- una imagen que forma parte de nuestro paisaje urbano, transformándose –un poco más- en una ciudad anodina y triste, carente de personalidad e historia.
Ojalá, a pesar de la crisis, los políticos tomaran conciencia de que el paisaje urbano es el principal atractivo cultural y turístico de nuestra ciudad, y que invertir en su protección y cuidado es generar riqueza, empleo y beneficios para todos.